La esposa que hizo realidad el sueño de un visionario

Sofía Rosas Durán

Sofía Rosas Durán, nació en Osorno el 23 de Febrero de 1876, hija del primer matrimonio de Félix Rosas Manrique de Lara con Eustaquia Durán y Barrientos.  Cuando aún no cumplía los tres años quedó huérfana de madre. Con sus hermanos Roberto y Carlos; todos de corta edad, creció bajo la custodia de su tía Tegualda Durán.

A posterior, don Félix que había quedado viudo, se casó con su cuñada Tegualda. De este segundo matrimonio nacieron otros cinco hijos: Eustaquio, Abel, Zulema, Ricardo y Eloisa. Los ocho hermanos se educaron bajo el mismo alero, un vasto caserón ubicado en la calle Bilbao de Osorno.

Doña Sofía contrajo matrimonio civil con Tomás Burgos el 14 de Noviembre de 1903,  y por la Iglesia Católica el 1 de Junio de 1918.  Desconocemos el motivo de este aplazamiento, dado que el matrimonio fue muy cristiano. Como cónyuges tuvieron el honor de apadrinar la colocación de la primera piedra en la reconstrucción de la iglesia San Mateo de Osorno, después del incendio de 1926.

De su matrimonio nacieron cuatro hijos varones; Víctor, Pedro, Francisco (fallecido joven) y Pablo el menor; hoy de 95 años de edad. Los habitantes que la conocieron la recuerdan de carácter reservado; sus obras benéficas las confió siempre por encargo en forma silenciosa, y su vida hogareña la alternó entre Purranque y Osorno.

De sus hermanos, el que tuvo mayor participación en la historia local, fue Eustaquio Rosas, quien cumplió la labor de Juez de Distrito.  Eustaquio también fue conocido por su emblemática residencia; un auténtico patrimonio arquitectónico que se conserva en la calle Eleuterio Ramírez con esquina Pedro Montt.

Las tierras de Purranquil las heredó  doña Sofía en la partición de los bienes de su finado padre en 1906.  Estas pasaron a la sociedad conyugal con su esposo Tomás,  en las que se fundó la Villa  Lo  Burgos en 1911.  Doña Sofía Rosas falleció en Osorno a la edad de 82 años en 1958.

Fotografía y texto VBS.

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Acerca de arrayán

Lo que más disfruté cuando niño, era mi deseo de poder volar. Me construí unas alas de cartón, sin saber que otros ya lo habían intentado. Luego me subí a la copa de los árboles para ver mi ciudad desde arriba; así aprendí a observar el mundo, libre y sin miedo al vértigo.
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