El Estadio Centenario es un aporte de calidad para los Purranquinos

Fotografías  de plano y aéreas  del Estadio Centenario de Purranque

Hace un par de años no había nada, un terreno baldío que daba cuenta que alguna vez hubo un complejo deportivo que se fue deteriorando con los años; un lugar donde pastaban los caballos; un lunar que hacía voltear la mirada de los vecinos por lo feo.

Hoy es completamente diferente; aquí se ha construido un estadio deportivo como los purranquinos se merecen.  Es un “lujo” se escucha decir de los afuerinos que han venido a  visitarnos y, es más, un premio a la fecunda tradición de campeones regionales y nacionales de los clubes del fútbol local. Sin dejar de citar a  nuestros coterráneos que llevan por Chile y el mundo el nombre de Purranque en el corazón: Héctor Mancilla, ex jugador de Huachipato, del Toluca de México y actual delantero de Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León; Rodrigo Viligrón, jugador mediocampista quien jugó en Deportes Puerto Montt, Cobresal y Deportes Concepción; Edgardo Garcés, jugador de Malleco Unido, Provincial Osorno y actual entrenador del Club Deportivo Purranque, del cual es propietario nuestro gran ídolo Héctor Mancilla.

El Estadio Centenario tiene capacidad para 1800 personas sentadas en sus graderías techadas y una cancha sintética que hace posible los continuos entrenamientos, y se adapta a las condiciones climáticas de la zona. También, entre otros, posee baños para discapacitados, excelentes camarines, un sector de administración, cabinas de transmisión y torres de iluminación.

La obra  financiada por el Fondo Nacional de Desarrollo Regional,  FNDR;  es una de las construcciones emblemáticas  proyectadas por el municipio que dirige el Alcalde César Negrón  Schwerter,  a quien  le ha correspondido la misión de festejar  los 100 Años de la ciudad.  El nombre de este magnífico proyecto, ahora concretado “Estadio Centenario” no pudo ser mejor, y es la imagen  de la visión unida al esfuerzo.

Fotografías y texto de Víctor Burgos Salazar

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Acerca de arrayán

Lo que más disfruté cuando niño, era mi deseo de poder volar. Me construí unas alas de cartón, sin saber que otros ya lo habían intentado. Luego me subí a la copa de los árboles para ver mi ciudad desde arriba; así aprendí a observar el mundo, libre y sin miedo al vértigo.
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