Valioso testimonio fotográfico

Esta reliquia fotográfica del Año 1923, corresponde a un desfile de las instituciones civiles y de orden público en la calle 21 de Mayo frente a la Plaza de Armas. Se puede observar la banda de músicos, policías de la época, bomberos, voluntariado de la Cruz Roja y un grupo de escolares.

Al fondo, de izquierda a derecha, las residencias de las familias Julián, Maldonado y Adriazola, las dos últimas más tarde llegaron a pertenecer a las familias Tarsijan  y Cortés. En el extremo derecho,  siempre al fondo, la casa donde vivió don José Yantani, hoy propiedad de la familia Bittner. También se aprecia un gran caserón, que en un comienzo albergó junto a otras familias al padre Teodoro Ulrich;  primer misionero de la Preciosa Sangre. Actualmente en esa esquina se ubica el anexo de la enseñanza básica de esta congregación.

Los pequeños árboles en forma de cono, son variedades de cipreses y son los mismos ejemplares adultos de hoy en día.  Según relatan los vecinos más antiguos, cada familia que habitaba en el entorno, se ocupaba de mantener un jardín en una fracción de terreno de la plaza frente a su residencia.

Detrás de la alineación del grupo de bomberos, se puede observar el inicio de una excavación. Esta corresponde a un pozo profundo que abasteció por años a esa institución, antes de que existiera la red de agua potable. En los años 70 el pozo fue sellado con una cubierta de hormigón.  Hoy en día se pueden apreciar vestigios junto al paradero de taxis.

También en el centro de la Plaza de Armas existió un odeón construido en madera; lugar donde tocaban los músicos de la banda. No se sabe exactamente si el odeón desapareció mucho antes que se iniciara la construcción del edificio municipal,  o fue retirado para tal propósito.

Esta fotografía fue tomada desde la parte alta del antiguo cuartel de la policía que estaba ubicado en la calle 21 de Mayo con esquina Las Heras (hoy  edificio de la Telefónica del Sur).

VBS.

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Acerca de arrayán

Lo que más disfruté cuando niño, era mi deseo de poder volar. Me construí unas alas de cartón, sin saber que otros ya lo habían intentado. Luego me subí a la copa de los árboles para ver mi ciudad desde arriba; así aprendí a observar el mundo, libre y sin miedo al vértigo.
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